
En estos últimos días, el debate en la calle, sin duda alguna, es por una parte, la ayuda de 420 € a los parados que han agotado el subsidio de paro y por otra la subida de impuestos que el Gobierno quiere poner en marcha para poder dar cierta estabilidad al gran agujero que ha creado esta dichosa crisis.
En un análisis anterior hablaba de la necesidad de la subida de impuestos y me reafirmo.
Hoy, voy a hablar de una de las medidas que creo sería conveniente aplicar para no hacer un país de subsidiados, vagos, o falta de esfuerzo.
Hablo del paro, o las diversas ayudas que el estado puede conceder a personas con problemas económicos.
Sin duda alguna, como socialista, socialdemócrata, de izquierdas y progresista que soy, no puedo poner en duda la necesidad de que el estado se haga cargo de ayudar a los más desfavorecidos e intentar de alguna manera redistribuir de forma equitativa e igualitaria la riqueza del estado hacía los ciudadanos que son quienes lo financian.
Pero lo que he reflexionado en muchas ocasiones y los debates en los que hemos entrado han sido entorno a la necesidad de que dichos ayudados en un determinado momento por el estado, bien sea por el “paro” u otras muchas medidas de ayuda por parte de ayuntamientos, diputaciones o gobiernos autonómicos, pidan cuentas a quienes las reciben.
Estoy de acuerdo con que un parado sea recompensado durante el tiempo en el que no encuentra trabajo por haber sido despedido, faltaría más, pero creo que habría que establecer un sistema de cursos obligatorios de reciclaje, aprendizaje de nuevos oficios o materias como las nuevas tecnologías, para evitar por un lado, los que prefieren cobrar el paro que trabajar y por otro para que quienes no encuentran trabajo de verdad no se sientan parásitos sociales y puedan sentirse personas.
Este análisis lo realizo pensando por un lado que hay un cierto porcentaje de personas que como cobra el paro, decide tomárselo a modo de vacaciones, que puede estar muy bien, pero, no es la función del mismo. Por otro lado, en las personas que realmente buscan trabajo, quieren trabajar pero no encuentran nada, con el paso del tiempo, acaban sintiendo una sensación de lastre social, de amargura, de invalidez hacia su propia capacidad de superación, que acaban optando por quedarse en casa y por la desesperación.
Y creo sinceramente, que un modelo de trabajo social, cursos obligatorios y demás como antes dije, sería un buen aporte de valía para quien no encuentra nada y sería un modo de expulsión de las listas del paro a quienes realmente si pueden trabajar pero no quieren por preferir disfrutar de unas largas vacaciones.
Si los países con las tasas de bienestar social más elevadas del mundo, aplican de algún modo este tipo de medidas, ¿Por qué no hacemos lo mismo?